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miércoles, 24 de agosto de 2022

AZUL

 …la mañana es azul.”


El libro había sido el cuarto entre los volúmenes de cuentos de Giovanni Boccaccio y entró en la casa familiar de tapadillo pues, como me contó quien lo trajo, no era una lectura tan edificante como exigía la postguerra.

Quizá por esa condición clandestina el Boccaccio nunca regresó junto a los otros tres, a la Biblioteca Cervantes de Ayora, y permaneció oculto en un estante de la planta baja hasta el fatídico 20 de octubre de 1982, el día en que la riada anegó la calle entera con casi tres metros de agua y lodo.



El papel y los cuentos no sobrevivieron, pero su segunda encuadernación resistió, la que le hiciera R. Chuliá en Valencia a la muy probable rústica de Editorial Maucci de Barcelona.

¿En qué momento estuvo el libro en la Librería Gorriarán de Bilbao? Pues no lo sé, pero he preservado su sello, como el de la Biblioteca Cervantes, las notas manuscritas y algunas manchas del barro del 82. 

 


Con todo y más ilusión que maña he compuesto este cuaderno, el AZUL, que en su gama y en grises irá el contenido de mi actual diario gráfico, y no por antojo sino por gastar acuarela acumulada para aquel dibujo fallero del llibret del año 20.



AZUL, como la oscuridad iluminada.




































Salud, Bondad y Belleza, De Vuelta con el Cuaderno.


lunes, 25 de abril de 2022

IGOR MITORAJ EN VALENCIA

 Hasta el 16 de octubre de 2022, quienes visitéis nuestra ciudad podréis disfrutar gratis de quince esculturas del escultor Igor Mitoraj (1944-2014) distribuidas por los estanques y paseos de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. Es un paisaje interesante, mezcla de arquitectura contemporánea y clasicismo formal y temático, tiempo detenido en bronce y hormigón o frenético hormigueo turista: bustos, troncos y selfies igualmente desmembrados...


Aunque uno sepa, cada vez mejor, que se está dibujando a sí mismo, las más de las veces sin encontrarse...


...compulsiva y nerviosamente...


lunes, 4 de abril de 2022

ORQUESTA SINFÓNICA MARTÍN I SOLER DE VALENCIA

Un privilegio, De Vuelta con el Cuaderno. De la coincidencia en un bar del Cabanyal valenciano entre Carmen Más Arocas, directora de orquesta, y Amparo Sellés, una de las tres Gracias de Urban Sketchers Valencia, resultamos invitados a reflejar a Grieg, Max Bruch, Myroslav Skoryk y Otto Nicolai, acabando con un Bella Ciao libre como el aire que corre por La Marina de Valencia, que cede el local para esta genialidad de ensayos abiertos.


Como vio mi amigo Antoni Barreda de Sabadell, yo sabía a dónde iba, de modo que me preparé el Leporello (valga esta vez el término musical) para la ocasión.


La puntualidad para mí es un valor, y te permite en ocasiones como esta un sitio especial, porque a la derecha de la Directora fue donde se situaron, cuando llegó su momento, los dos maestros solistas, Fernando Pascual al violín y Santiago Cantó a la viola, para el "Doble concierto Op. 88" de Max Bruch (1838-1920).


Son los más esbozados, pues no supe el tiempo que estarían a mi lado, y siento que me dejasen tan poco espacio para la desbordante energía de la Directora. Nunca somos justos dibujando.


Carmen nos explicó a los legos qué hace un Concertino, y se le vio el afecto por quien después sería solista, Andrés Fernández, violín, en la bellísima "Melodía" ucraniana de Myroslav Skoryk (1938-2020), de modo que hice lo que pude, en el breve lapso en que afina una Orquesta.


Amparo Sellés me dijo que escuchó durante el descanso, cómo este joven violinista se lamentaba de que no le habíamos dibujado, así que cambié de sitio, le dije a lo que iba y respondió "A mi amiga también". 


La sección norteamericana de la Orquesta, y donde descubrí esa forma de atar el instrumento que en mi ignorancia desconocía, aunque obvié sillas y patas en favor del programa del concierto.
 

Por aquí empecé, de derecha a izquierda, desde Asia (aunque le escuché un castellano impecable a Dani Jiang), el lugar donde tomé decisiones para todo el acordeón, reservando la pluma negra para primer plano, dedicando lápices azules al trazo del segundo, liberando contornos, omitiendo objetos y, en algún momento, dejando que el pincel y la acuarela acompañasen melodías...



Un placer.