De forma imprudente y sin planear, el viaje al paraíso comenzó al saber que el trabajo me permitía ir al congreso de ANIAV donde me habían aceptado una comunicación. Con la C15 por hogar, navesé por a España vaciada remerando mi antigo lugar.
Allí, en una mesa heterogénea donde se hablaron de residencias artísticas, procesos en la era de la inteligencia artificial, del ornamento de Mónica Mura, el cartel publicitario y la tejeduría de tapices, expuse mis ideas sobre el uso del cuaderno como herramienta de defensa frente al detrimento patrimonial. Con diferentes estudios de caso, debatimos de como dibujar hace territorio y comunidad, pero también de sus riesgos como agente gentrificador.
Pero lo único que para mi ye a realidat es que en los cuadernos se esconden lugares que ya no existen, y que no hace falta esperar a que estén en riesgo para dibujarlos. Tampoco debemos bajar la guardia, sea para defender lo nuestro, o nos mojamos o nos van a dejar secos.
Después, subí poco a poco las corrientes de las aguas, parando para remojarme a orillas del Palancia, en una lucha por trabajar planos luminosos y verdes que hacen soñar. Caracolillo a cuestas, la estación sin trenes de Caudiel pero llena de gatos me permitió hacer una noche calmada como ninguna. Quizá fue la tranquilidad después de meses de tensión, o quizá la soledad deseada después de tanto gentío. Pero es verano y el alma lo sabe.
Y amaneció el día, pero todavía había que subir Ragudo y cruzar el último tramo de sierra. Esmorsar en Barracas en un bar lleno de gentío de currelas, cruzar pueblos como El Toro para llegar a la frontera de mi tierra prometida, mi santuario, mi paraíso.
Besamanos y a preparar bolsas con un Miguel cantarín, a la vez agotada y a la vez con ganas de vivir. Rodeada de nuevas amigas y de gente de siempre, pasé lista (y alguno se llevó un whatsapp de reclamo) pero empezamos.
Y Santiago con sus redes nos amostraron as aves con o brillo naxiu d'o cielo.
Y Eduardo también nos amostró como mirar miyor d'as plantas y matas que nos redolan.
Y los expertos en astronomía como ver as estrelas.
Y Violeta a trobar tresoros amagaus dentre os piedros.
Mientras la música, el vino y algún gintonic nos recodaba que año tras año seguiremos aquí. No faltó dulzaina para el terror de los presentes, mientras yo canturreaba para mis adentros el romance de la mañana de San Juan . Como soñando, como habitando... pero a la vez desarraigo. Dicen que ningún perdido se pierde. Tendrá que ser así.
Otro año más.