

Soy nueva en este blog y me presento con algun dibujillo tomado entre parada en parada cuando estuve en Madrid la pasada Semana Santa. Espero que os gusten. Gracias por la acogida.
He maquillado un poco alguno de los dibujos del maratón de Madrid
para sacarlos a pasear antes de que las polillas se enamoren.

Treinta de enero. En la puerta del Mercado -así lo llaman- de San Miguel. Momento del encuentro con amigos, cadenas de televisión, compañeros de viaje reales y virtuales, locutores de radio, dibujantes urbanos y rurales, genios y malosgenios.

Dócil y encantada me apunto a ir a dibujar la casa en la que Miguel Hernández se reunía con los escritores de no estaba claro qué generación -¿la del 36? ¿la del 27?-. Lo cierto es que nadie sabía cuál era la poética casa -¿la que tenía la placa de María Zambrano? ¿la del vecino de enfrente?- pero poco importaba, la plaza era agradable y se podía elegir sol.

Plaza de los Dóciles (antiguamente del Conde de Barajas).

Un merecido descanso antes de ir a comer. Vermut en la Plaza Mayor. Rubén junto a una periodista muy simpática a la que no conocíamos y a la que no le gustó nada mi dibujo (y eso que todavía no lo había empeorado al intentar maquillarlo).

Silvia, ajena a plazas, poemas, dibujos y vermut, duerme plácidamente, dibujada en su carro.

Todavía en la terraza de la Plaza Mayor. A la izquierda, Javier de Blas (o algo así). Junto a él, Amparo, uno de los descubrimientos de la jornada, divertida, sorprendente y con mucho sentido del humor (no se enfadó al ver el retrato).

En la comida quise hacer algún dibujo, pero estaba sentada entre Flores y Arranz. Rodeada de monstruos. La presión me llevó a esto.

Desde la azotea del Círculo de Bellas Artes.


Siete y media de la tarde. Cafetería del Círculo de Bellas Artes.

Por último, la cena. Apenas he podido salvar algún dibujo (le echaré la culpa a la cerveza).
Si supiera, te lo diría en sueco: ¡Perdón, María! (Toño está más acostumbrado).




