Pasábamos mi amigo
Javier Triviño y yo por la capital
del reino de aragonés, camino de Corfú, el domingo 14 de octubre,
fin del Pilar, cuando
Helena Santolaya, que una vez más nos abría
las puertas de Zaragoza, nos lleva al café
Botánico, donde
Jean-Pierre Bailly, amigo suyo y músico exquisito, había reunido a nada
menos que al guitarrista
Steeve Laffont, el violinista
Thomas Kretzschmar y el contrabajo
Javier Callén que, con él mismo, nos regalaban una joya del jazz gitano francés. A eso se llama suerte.
Hice tres apuntes, cada
cual a su manera, porque había tanto que compartir y tan de cerca,
que solo podía dejarme llevar...