Tengo por norma publicar aquí, en Ladrones de
Cuadernos y en Euskalherria's Sketchcrawl, y sólo usar el Facebook como eco de blogs, así que disculpadme
quienes ya hayáis visto fotos de estos dibujos en esa red social (aquí van escaneados) porque desde el móvil
me fue imposible cumplir y darle al blog lo que es del blog, que si antes se
cantaba “El vídeo mató a la estrella de la radio” vamos camino de matar este
estupendo soporte por la inmediatez de otros.
Volví a Việt Nam, también por trabajo, diecisiete años
después. Un maravilloso reencuentro con el país, sus gentes y el recuerdo,
curiosamente, más de sentimientos que de sucesos pasados. Hace diecisiete años
yo no usaba el cuaderno como hoy y viví Hà Nội con cámara de fotos y
¡diapositivas! de modo que estos escasos tres días de estancia han tenido valor
de penitencia, venganza u homenaje, no sé… tenía que dibujar Việt Nam.
No conocía Đà Nẵng y tampoco la maravilla de Hội An.
Los cuatro altares de los ídolos animales se deben a que el puente empezó a construirse un año del mono y se terminó en otro del perro según el zodíaco vietnamita, idéntico al chino salvo en que sustituyen el cuarto animal y dan gato por... conejo.
Suelo recomendar este país a quienes aún no han
vivido la experiencia asiática, uno de los mejores viajes por el intenso y gran
cambio que supone el continente: de paisaje, clima, raza, hábitos, gastronomía,
costumbres y por la oportunidad de ser y sentirse raro, extraño y minoría.
Advertencia: En España acostumbramos a usar el enunciado
“lujo asiático”. Hay que acompañarlo también de “cutrez asiática”, que no
pobreza, y saber que siempre, siempre van parejas y que tan solo varía la dosis, el
porcentaje o la combinación. En lo más suntuoso de Asia hay un reborde de roña,
como entre lo más descuidado puede encontrarse un destello de opulencia; pura,
franca y honesta Vida.