Hice estos dibujos mientras los chavales de segundo de bachillerato del Instituto Tubalcaín de Tarazona disfrutaban del fantástico examen final de Lengua y Literatura que les había preparado.

Pensaba colorearlos pero, como de costumbre, el tiempo ha volado y estaba impaciente por colgarlos. Dentro de unas horas, muchos de ellos se presentarán al examen de selectividad. Algunos tendrán que esperar a septiembre, pero sin duda les irá bien. La materia académica, ya se sabe, es desigual, pero os aseguro que en materia humana merecen todos matrícula de honor. Y es que soy una tía con suerte. Me ha tocado lo mejor.

Antes de que les entregara el examen ya habían adivinado las preguntas, porque en estos meses han aprendido -además de a comentar textos- a interpretar mis accesorios. No podían hacer mal el examen porque yo era como un libro abierto, llevaba colgadas de la oreja y prendidas de la chaqueta todas las respuestas.
Ellos me pagaron con joyas. Confeccionaron este fantástico conjunto de pendientes y gargantilla, metáfora perfecta del discurso literario, donde, claro, no falta ni una hache ni una tilde.



















