El
pueblo de mis padres, Torres (Jaén), descansa inmune al paso del
tiempo. Me hace viajar a mi infancia, al calor familiar y a mis raices.
Abrazado por Sierra Mágina desprende aroma de romero y frescor de manantial que pronto se tornará en sabor a cerezas, almendras y aceitunas.
Ahora se vuelve dorado al atardecer y en la noche, puntean en la montaña, como estrellas, pequeñas luces de los cortijos de los abuelos, que aún quedan.
Las puertas de estas cocheras volveran a chirriar a las 6:00 de la mañana para que el Land Rover vaya al campo, a cuidar los olivos.
Campanadas en la iglesia, sartales de pimientos secos, pisto, pan de leña, carrueco, alcaparrones e higos.
A sus más de 70 años, ellos, mis padres, siempre consiguen que este sitio sea un hogar.
Abrazado por Sierra Mágina desprende aroma de romero y frescor de manantial que pronto se tornará en sabor a cerezas, almendras y aceitunas.
Ahora se vuelve dorado al atardecer y en la noche, puntean en la montaña, como estrellas, pequeñas luces de los cortijos de los abuelos, que aún quedan.
Las puertas de estas cocheras volveran a chirriar a las 6:00 de la mañana para que el Land Rover vaya al campo, a cuidar los olivos.
Campanadas en la iglesia, sartales de pimientos secos, pisto, pan de leña, carrueco, alcaparrones e higos.
A sus más de 70 años, ellos, mis padres, siempre consiguen que este sitio sea un hogar.
