
Hace un par de días, aprovechando el buen tiempo, decidí dar un paseo por el parque armada, claro está, de libreta y lapicero. Andaba tan ensimismada (nunca he entendido por qué no puedo decir enmimismada, pero ese es otro asunto) que no vi la rama del magnolio.
El golpe en la cabeza ha evolucionado de un modo muy extraño y esta mañana, al mirarme al espejo, casi me muero del susto. No sabía si acudir al hospital o al jardín botánico. He optado por hacer un retrato y colgarlo en el blog, a ver si a alguien se le ocurre algo.
Si al menos, en lugar de esta extraña magnolia, me hubiera brotado de la cabeza un pensamiento...