domingo, 10 de julio de 2011

Mi prórroga al fin de semana en Teruel; El Maestrazgo

Como algunos sabíais, era mi intención prorrogar mi estancia en Teruel para tratar de dar fe de que no solamente la capital existe y es maravillosa, como todos cuantos hemos tenido la fortuna de juntarnos allí el pasado fin de semana podemos corroborar, sino que también hay otros lugares de la provincia que merecen muy mucho la pena, como nos indicaba Severino poniendo énfasis en; “ese Aragón al margen del Pirineo...”. En esta ocasión mis planes eran acercarme a ese territorio con un nombre tan prometedor como Maestrazgo y corroborar lo que intuía, que no solamente existe (aunque recorrerlo requiera abstraerse de las dificultades orográficas) sino que está ahí para deleite de cuantos tenemos interés por los paisajes con historia, mimados y dominados en el pasado por el esfuerzo y tesón infinitos de sus gentes y atormentados hoy (o al contrario?) por el abandono progresivo a su propia suerte. Paisajes de leyenda, solo accesibles para su disfrute por los amante de soledades. Paisajes que tienen como testigos de su pasado pueblos maravillosos; Mirambel, La Iglesuela del Cid, Cantavieja, Villarluengo, Tronchón, Miravete,... algunos emplazados en lugares solo imaginables por quienes con su esfuerzo y empeño conformaron el paisaje y en buena parte lo dominaron. En fin, una prórroga que ha sido el colofón adecuado a un fin de semana inolvidable, en la que me habéis “acompañado” viajando conmigo en ese apartado de recuerdos gratificantes que todos reservamos en nuestra mente.

Os muestro dos apuntes que representan extremos opuestos del Maestrazgo; El refinamiento arquitectónico, con un inequívoco componente rural, de “El portal de las monjas” en Mirambel y de lo mas agreste, “Los órganos de Montoro”. También una vista de Villarluengo que, llegando desde La Cañada de Benatanduz, nos presenta su sorprendente perfil recortado contra el profundo valle que casi lo circunda y que hace irresistible la tentación de intentar dejar constancia de su imagen en el cuaderno, además de compartirla con vosotros que, como decía, “me acompañábais” como ilusionado y alegre grupo.... (foto de testimonio)










Si me habéis seguido hasta aquí, espero sepáis disculpar el pequeño rollo ( soy de los que piensan que no se deben de poner barreras a las emociones) y sabed que aún me queda por subir al blog mi testimonio de la estancia en Teruel, lo que haré la semana próxima.


8 comentarios:

Juan Mª dijo...

el Maestrazgo es fundamental!! muy buena elección perderse del mundo por esos lares

Pili dijo...

De rollo nada.
Da gusto leer lo que escribes y ver lo que dibujas, ambos divinamente.
Un abrazo,
Pili

Raul Rentero dijo...

Hola, me encanta que nos encontremos a través de este nexo...
el Maestrazgo es mágico, y hasta el papel y el carboncillo lo saben.

saludos desde él
desde el maestrazgomagico.blogspot.com

RAUL

amparo dijo...

Muy buena elección, y esos escarpados son de cine.

clara dijo...

¡Ay justino!. ¡Qué bonito es Aragón...! ¡Qué bonita es la gente!. Una delicia el compartir ese ratico tranquilo de mantel y buena conversación. Eres de esas personas que calan, un placer conocerte con lápiz en mano.

AnA dijo...

Justino, gracias por compartirlo; son estupendos, espero verte pronto, seguro que los de Bilbao nos preparais algo estupendo..muxus

Justino dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios; Pili, Clara, Ana, sois muy generosas en vuestros juicios. Juan y Amparo, en efecto, el Maestrazgo es un buen lugar para perderse y quizá para encontrarse, por eso estoy de acuerdo con lo que dice Raúl en que quizá tenga algo de mágico. Por cierto, he visitado esa Web que me indicas, Raúl, y reconozco muchos de los lugares que tan estupendamente has fotografiado. Finalmente te hago un comentario localista; me alojé en el Hotel BALFAGON de Cantavieja y me resultó muy grato y con detalles de instalacionenes, servicio y trato que no he percibido en hoteles de igual categoría o superior. Además he de agradecer a uno de sus empleados, Juan, sus amables indicaciones para solucionar un problema con el coche que gracias a él pude abordar a tiempo.

Javier de Blas dijo...

Precioso ese bosque semijaponés, Justino!