El pasado fin de semana impartí un taller de dibujo en cuaderno acordeón.
Fue en uno de los espacios más mágicos que he conocido, Os Pendellos de
Agolada, lleno con lo mejor de la Artesanía gallega y dedicado expresamente a
un grupo de alumnas y un alumno.
Pablo Otero, artesano encuadernador, nos guió
durante la fabricación de los cuadernos a emplear. Grandísimo Pablo.
Creo que la manera de dar las primeras pautas, con un artilugio desplegable
de cartón, txapela y en verso, descolocó a mi auditorio, jajajaja… ¡ahí van
unos ripios!:
...
Un cuaderno acordeón
tendrá montañas y valles,
trazos sin ton ni son
y dibujos memorables,
y a todo hay que darle aire
para que el eco lo llene,
la voz la pondrá el que viene
a cantar vuestra canción.
Acordeón, fuelle y viento,
hay que darle movimiento,
es también la partitura
porque manda esta estructura
y ¡mucha atención a los pliegues!:
O los sigues… o los pierdes.
...
Mi cuaderno se convirtió en un soporte de tutoriales; dibujos hechos junto
a alguna de mis alumnas para mostrar esto o lo otro. Con el fin de que no se
perdiera información y de que estuviese más presentable, empleé parte de la
noche del sábado en una“postproducción” que pudiese ofrecer el domingo, para el desayuno.
Ha sido
un modo distinto de dibujar, en términos naúticos, abarloado siempre a otro
cuaderno, mirando a través de otros ojos y haciendo por ponerme en sus
necesidades e intereses, porque, aunque les hiciese en verso el “Elogio sentimental del
cuaderno acordeón” (inspirado por un texto de Pío Baroja), yo no fui a Agolada
“a hablar de mi libro” sino a Servir, que los scouts lo escribimos con
mayúscula. ¡Buena Caza!
PD: Ryan Air se combate por evasión, bastan un par de malas fotos y el
recuerdo de un momento estético único vivido en Os Pendellos. Ahí os lo
dejo, un abrazo.


















