lunes, 20 de enero de 2014

Averly sin fecha

Hace 25 años viví una experiencia que me hizo sentir pequeña, decepcionada y superada por la responsabilidad. Quise hacer prácticas en la Fundición Averly. Recién acabada la carrera y con un título que ponía que me había licenciado en  Bellas Artes en la especialidad de técnicas escultóricas  me presenté allí  con el ánimo de que me dejaran entrar en prácticas y me dieran la oportunidad de hacer algún diseño que mereciese la atención de la empresa e incluso quisiesen reproducir. (Juventud, divino tesoro...) El día que puse el pie en ese túnel histórico que me transportaba al siglo XIX,  una mujer mayor, con mucho carácter, me recibía como sí hubiera caído del cielo y puso en mi mano la responsabilidad de repasar el único ejemplar de buzón cabeza de León que tenían, supuestamente, porque no era modelo suyo y por eso no tenían ni copia, ni molde,  y con urgencia reclamaba el Ayuntamiento de Orense. Había que enviarlo ese día y todo el personal estaba ocupado en otras tareas. Dos horas invertí en acariciar con una fresadora  y  un torno las rebabas para rebajarlas pero sin llegar ni a definir, ni a modelar aquella cabeza que tanto respeto me daba. En definitiva, en dos horas no hice nada más que sentirme pequeña y descolocada. Pasado ese mal trago vino otro peor cuando Doña María , creo,  que literalmente me cogió de la oreja y me hizo pasar a un almacén donde había estantes que guardaban buzones cabeza de León perfectamente acabados. Yo me defendí diciendo que si hubiera sabido que había más ejemplares seguramente me hubiera involucrado y arriesgado más, pero que me había podido la responsabilidad de pensar  que  en mis manos estaba el único ejemplar. Me cayó una reprimenda y una lección de cómo una mujer debe comportarse en un mundo de hombres. No sólo realizando bien su trabajo sino siendo la primera y demostrando arrestos.
Regreso al mismo entorno y me siento igual de pequeña, indefensa y aturdida.  La juventud me llevó a rebotarme y no pasar  de una semana acudiendo a Averly a realizar trabajos nada sugerentes como penitencia por no haber estado a la altura de la circunstancias. Después de 25 años me he encontrado frente a una mujer fuerte, con carácter y luchadora. Carmen, hija de María, ha heredado esa fortaleza que ha hecho posible que Averly haya sido lo que fue y lo que debería ser.

Un imperio más allá de lo familiar, e incluso de la ciudad. Un oasis urbanístico con un legado industrial y artístico merecedor no sólo de atención, sino de esfuerzo por parte de todos para que exista como museo activo. Funcionando a mayor o menor medida como fundición, y albergando un cachito de historia de esta ciudad y por tanto de la humanidad. Ejemplo de la revolución industrial, 130 años más tarde se quiere derribar por intereses económicos particulares que se anteponen a los intereses de la ciudadanía y la historia.
Frente al negro de las paredes entonadas por el humo, el carbón , el tiempo y el esfuerzo en cada pieza fundida en este templo industrial, me siento indefensa, superada, decepcionada y rabiosa. Se escuchan las máquinas que anuncian la demolición. Mi única arma un rotulador y un papel. Nunca he deseado tanto saber dibujar objetivamente, miméticamente, para transcribir esa estampa real que bien podía ser el escenario de una película. Me puede la grandilocuencia del espacio y el vértigo que produce pensar en su pasado y peor todavía, su negro futuro.

Me encuentro sola, de noche, a oscuras en ese espacio. Como en un cementerio esperando que alguien me abra la puerta para salir y ver la luz de las farolas. Aunque en realidad lo que desearía es que ese interior se iluminase. Estuviera acompañada, con voces, con risas, con gente. Pero parece eminente el derribo. Tanta historia triturada de una ciudad, que como  a muchas ciudades españolas gusta de poner placas donde no queda nada y rezan: ... Aquí vivió, ...aquí estuvo,... aquí se derribó... O  marca huellas como cicatrices - como la torrenueva- para dejar constancia de lo mezquinos que podemos llegar a ser. Vamos a ser la generación que demolió su pasado por cuatro pisos en la época de mayor crisis en la construcción y con excedentes de vivienda por todos los lados. LLevaremos flores y coronas a nuestros muertos, cuando lo que debíamos es dar vida a nuestro pasado que agoniza por cuatro perras y cuatro interesados que se reparten las vestiduras al que llevan al calvario.
Sólo me queda sacar los colores para denunciar desde este humilde espacio el error tan imperdonable que vamos a dejar cometer en nuestras propias narices en la época de las tecnologías y la información mediática e inmediata. presenciemos con pasmo lo que nuestros gobernantes nuevamente consienten y aprueban.




Dibujos sin fecha esperando un futuro mejor.

4 comentarios:

Inma Serrano dijo...

TREMENDO Clara.

Mikel Bergara Jauregi dijo...

Que buenos Clara

Fernando Abadia dijo...

Clara, dos sentimientos. Uno bueno y otro malo. El bueno, tu bonita historia. El malo, es que hubiera preferido haberlo conocido de viva voz, dibujando allí todos y viviendo en primera persona lo que tu describes. Rodeados de pedidos, de aprendices, de maestros artesanos....

clara dijo...

Gracias.
Fernando y yo, pero ...la esperanza es lo último que se pierde. Ahora es imposible.